HASTA LA VISTA TOMÁS BOY

Por: Felipe Guerra García

Cuando por décadas se logra una sana comunicación en el universo deportivo profesional y periodístico, es natural fincar amistad entre deportistas y cronistas.

Poco soy dado a mencionar en primera persona, pero por tratarse de un caso especial, escribiré una parte a título personal, por la gran amistad que un servidor y varios cronistas de la vieja guardia, tuvimos con un gran personaje del futbol y nos impacta tristemente CUANDO UN AMIGO SE VA.

TOMÁS JUAN BOY ESPINOZA, ídolo del futbol mexicano, emprendió el viaje eterno y deja un legado histórico, principalmente en Tigres.

Me ha tocado cubrir el futbol profesional desde hace más de cinco décadas.

A lo largo de los años he sido testigo de la historia del legendario Tomás Boy desde cuando se incorporó a Tigres y sus años como entrenador al mando de varios equipos, entre estos de Rayados de Monterrey.

Cuando se inició con el Atlético Español en 1972 y continuó en el Atlético Potosino, nadie se imaginaba en lo que se convertiría Tomás, el mejor medio ofensivos del futbol mexicano y goleador histórico (104) del equipo de sus amores: TIGRES.

Su carrera ascendente comenzó a partir de 1975 en filas del entonces Deportivo Universitario ya con etiqueta del rugido de Tigres alzando la Copa México 1975-1976.

Tomás, a quien en ese entonces se le conocía más con el apodo El Ciruelo, por su delgada constitución física, demostró ser virtuoso en la cancha.

Al lado de sus compañeros contribuyó a que Tigres continuara en la Primera División tras vencer al Zacatepec en la temporada 76-77 salvándose del descenso.

Cuando Carlos “El Tanque” Miloc (qepd), tomó la dirección técnica de Tigres, el equipo auriazul volvió a hacer historia al conquistar para la metrópoli regiomontana, el primer campeonato nacional del futbol de la Primera División en la temporada 77-78 y repitieron la hazaña en el 81-82.

En ambos casos ya era Tomás Boy “El Jefe”, que literalmente también lo fue, y como capitán, en la Selección Mexicana durante el Mundial México 86.

Con el correr de los años se convirtió en director técnico, y de entre varios equipos, dirigió al que, en sus tiempos como jugador felino fue su acérrimo rival: Rayados.

Lo triste, no logró su sueño dorado: dirigir a Tigres, el equipo de sus amores.

El Jefe fue un futbolista con personalidad recia, con virtudes y defectos; sencillo y a veces arrogante, apacible pero también de carácter fuerte.

Hoy me quedo y me concentro específicamente a los momentos de sana comunicación que Tomás Boy nos brindó, y en lo particular, también hubo una gran amistad, como lo fue con casi todos los periodistas.

Fueron tiempos en los que deportistas y periodistas, podían ser amigos, sin compromisos ni limitaciones a la libertad de expresión.

A lo largo de tantas coberturas de temporadas de futbol nacional, internacional y mundiales, ser testigos de la historia en momentos difíciles y en la conquista de los campeonatos, cronistas y futbolistas nos conocimos más, también como personas, de igual a igual.

En especial cuando convivimos en el Viejo Continente en la primera pretemporada internacional de Tigres, de gira por Europa en 1979.

La cubrimos José Elizondo Alvarado, del desaparecido periódico Tribuna de Monterrey y corresponsal del Esto; Antonio W. Castillo de El Porvenir y Regio Deporte y yo, entonces cronista de El Diario de Monterrey (hoy Milenio) y corresponsal de la Afición de México.  

Por estas experiencias en general, fue que se estrecharon más los lazos de amistad con casi todos los directivos, cuerpo técnico y jugadores, como con El Jefe.

Aprendimos a entender más el futbol desde la óptica del jugador, sobre la vida dentro y fuera de la cancha. También conocieron de nosotros, nuestra labor periodística y como personas comunes.

Cuando se daba la crítica, mientras fuera dentro de la verdad, con Tomás, como con casi todos sus compañeros en Tigres, no implicaba conflicto, aunque se dieran eventuales distanciamientos en algunos casos, pero siempre con la reconciliación.

El Jefe aguantó y aceptaba la crítica constructiva, en ocasiones nos enojábamos, pero todo era superable.

Tomás, con justificada razón confrontó a criticastros. Le repugnaba la mentira, la intriga, la calumnia, la especulación.

Los eternos compadres Gerónimo “El Patrulla” Barbadillo y “El Jefe” Tomas Boy quien emprendió el viaje eterno.

A quienes nos tenía confianza, nos comentaba (palabras más, palabras menos): “nosotros también tenemos algunas cosas qué criticar a los cronistas. Que no inventen; no lo digo por ustedes, pero hay unos que se la bañan.”

Fue en una invitación que nos hicieron Boy y su gran compadre Gerónimo “Patrulla” Barbadillo. Nos reunimos en un restaurante por la calle 15 de mayo casi esquina con Dr. Coss, antes de fuera edificada la Macro Plaza.

En esa ocasión El Jefe, y su compadre Barbadillo afirmando, dijo que después de los partidos, cuando leían periódicos, se preguntaban: “oye, carajo, pues qué partido vieron (los cronistas), o en qué estadio estuvieron? No es cierto algunas cosas que publican, hasta se creen más técnico que el entrenador”.

Cuando alguien publicaba algo en su contra, Tomás Boy solía decir: “en la cancha les tapo el hocico a estos que nunca jugaron futbol”.

Hay muchas anécdotas, necesitaría escribir un libro.

El Jefe Boy formó parte de esa generación de futbolistas con verdadero amor a la camiseta, profesional, dedicado a su oficio tanto de jugador como entrenador.

Como la canción de Alberto Cortez, “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”.

Querido amigo Tomás Boy, llegaste al final del camino en la tierra, quedan tus huellas y gratos recuerdos de tus buenas obras. Hasta la vista amigo, Dios te tenga en su santo reino.