Por Cèsar Vargas

Fotografìas tomadas de la pàgina de la Liga MX

En un partido plagado de figuras sobre la cancha. Con dos de los planteles más caros del Continente, uno espera que el partido se defina por una genialidad o una jugada de alto nivel.
En el Clásico 123, en cambio, un error del portero Marcelo Barovero, abrió la puerta para el gol con el que los Tigres fincaron su victoria ante los Rayados.
Los dos planteles llegaron vestidos de etiqueta, por el poderío de sus planteles.
En la cancha los aficionados, que no llenaron el BBVA vieron a un grupo de jugadores vestidores de overol, haciendo más labores de esfuerzo y sacrificio, que tomando el pincel para dibujar alguna obra maestra.
Algo pasa que no se termina de reflejar la jerarquía de sus nóminas sobre la cancha. ¿Acaso es una cuestión de mentalidad? ¿Será que en ambas instituciones no se termina de asumir la responsabilidad de creerse un equipo grande?
El partido representó oxígeno para unos Tigres que cortaron ocho partidos sin victoria, y metió mucho más presión al técnico albiazul Diego Alonso, cuyo equipo volvió a ser despedido por un sonoro abucheo.
Para mala fortuna del Monterrey, en una ciudad donde se mide el éxito o la derrota, en gran parte tomando como referencia el paso de su acérrimo rival, vuelve a perder un partido clave ante los felinos.
En la actitud, el partido fue dominado por la precaución de los dos equipos, ante el temor de hundirse más en medio de las malas rachas con los que llegaban.
La balanza empezó a inclinarse durante la segunda parte, cuando ambos técnicos realizaron cambios que buscan gobernar el medio campo, donde se disputaba la parte medular de las acciones.
Lucas Zelayarán, quien ingresó por Enner Valencia, aprovechó un balón que soltó el portero Barovero, para empujarla al fondo. Después Gignac selló de cabeza la victoria, con un tanto que le permitió empatar a Claudio Núñez y Walter Gaitán, con 8 goles, como los máximo anotadores de Tigres en los Clásicos.

El holandés Jansen tuvo el empate para el Monterrey, pero Nahuel Guzmán en una espectacular atajado lo impidió. Reflejar en la cancha el poderío de sus planteles es una tarea pendiente en ambas instituciones, una tarea que tiene ver más con la ambición, que con la capacidad.