Juan Carlos Osorio.

Por: Ángel Chávez Córdoba

Muchos creen que el periodista debe ser un destructor de reputaciones. Que el índice de fuego debe ser adoptado como su arma  principal para señalar defectos aunque, eso sí, exagerados al máximo.

Es triste saber que muchos piensan de esa manera.

Sin embargo, las campañas tendenciosas, pletóricas de exacerbadas censuras, por lo general sólo acarrean el descrédito a quien las promueve.

Tanta insistencia en señalar fallas –más ficticias que reales– trae como consecuencia lógica la incredulidad de los lectores y el deterioro en la autoridad del periodista.

La falibilidad es característica humana. Pero cierto es también  que nadie es totalmente malo ni totalmente bueno.

Entonces, eso de machacar sólo en cuestiones negativas trae implícita la falsedad, si no total, al menos sí en altísima proporción.

A Juan Carlos Osorio lo contrataron para clasificar a México al Mundial y lo consiguió tranquilamente, lo contrario a las eliminatorias anteriores cuando se sufrió demasiado para hacerlo.

Sin embargo, algunos comentaristas le niegan ese gran crédito y sólo se encargan de mencionar lo que suponen es equivocado. Como si ellos supieran más de lo que busca el técnico nacional.

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